El Güegüense – INC

El Güegüense

Ago 03, 2008 by INC_admin Category: Uncategorized 0 comments



 

Argumento del Güegüence o Macho Ratón

 

La obra comienza con una conversación en la que el Gobernador Tastuanes ordena al Alguacil que cesen los cantos, bailes y diversiones en el Cabildo Real debido a que se atraviesa por una gran pobreza. A su vez, ordena que nadie entre sin su permiso a la provincia. El Alguacil culpa de la pobreza a un tal Güegüence que anda por ahí. El Gobernador ordena que sea traído inmediatamente al Cabildo.

El Alguacil se anuncia ante el Güegüence como servidor del Gobernador. Este ha oído las órdenes y aparenta creer que buscan mas bien a un ternero o a un potro. Eso dice a sus hijos. Al presentarse el Alguacil lo trata como si fuera una sirvienta. El Alguacil lo corrige y le informa que debe “Volar” a donde el Gobernador.

“¿ Corriendo y volando?” –dice el Güegüence- “¿Cómo quiere que corra y vuele un pobre viejo, lleno de dolores y continuas calamidades? Amigo Capitán Alguacil Mayor y un jilguero que esta en la portada del Señor Gobernador Tastuanes, ¿ qué es lo que hace?”-A lo que contesta el Alguacil: “Cantando y alegrando a los Señores grandes”

Luego el Alguacil le sugiere como debe saludar al Señor Gobernador. El Güegüence acepta tomar la lección, pero se burla de su demanda de algún pago con una serie de bromas y juegos de palabras. Al fin, le ofrece dinero que pagará hasta que reciba la prometida instrucción. El Alguacil recita la salutación formal que el Güegüence da la impresión de no entender, pronunciando frases similares que resultan descorteses para el Gobernador. Ante tal desacato, el Alguacil lo fustiga. “¿Docena de cueros? –ha dicho el Güegüence.- Ha, muchachos, nos faltan reatas y cobijones. Aquí esta el amigo Capitán Alguacil Mayor que nos ofrece una docena de cueros.”¨

A la altura de ese incidente, entra el Gobernador Tastuanes, quien contesta al saludo del Güegüence, y le pregunta por que ha entrado a la provincia sin su permiso. A lo que responde este que ha venido viajando sin permiso por otras provincias. Relata varias historias socarronas o equivocas. “¡ O válgame Dios, Señor Gobernador Tastuanes! –dice.- Cuando yo anduve por esas tierras adentro, por la carrera de México, por la Veracruz, por la Vera Paz, por Antepeque, arriando mi recua, guia muchachos, opa Don Forcico llega donde un mesonero tupile traiga una docena de huevos, vamos comiendo y descargando y vuelto a cargar, y me voy de paso, y no es menester licencia para ello, Señor Gobernador. “ O bien agrega: “…viniendo yo por una calle derecha me columbró una niña que estaba sentada en una ventana de oro, y me dice: que galán el Güegüence, que bizarro el Güegüence, que aquí tienes bodega, Güegüence, entra, Güegüence, siéntate Güegüence, aquí hay dulce, Güegüence, aquí hay limón. Y como soy un hombre tan gracejo, salte a la calle con un cabriole, que con sus adornos no se distinguía de lo que era, lleno de plata y oro hasta el suelo, y así una niña me dio licencia…”

Como el Gobernador no aprueba tantas mentiras, el Güegüence le propone sean amigos y que por tanto compartirán las inmensas riquezas que posee. El Gobernador le expresa sus dudas y propone entrevistar por separado a su hijo Don Forcico, quien corrobora enfáticamente lo dicho con estas palabras: “O Válgame Dios, Señor Gobernador Tastuanes, es corto el día y la noche para contar las riquezas de mi padre; en primer lugar cajonería de oro, cajonería de plata, ropa de Castilla, ropa de contrabando, estriberas de lazo de oro y de plata, ya pachigüe muyule Señor Gobernador Tastuanes”.

El Gobernador permanece renuente a creerlo, y por esto decide interrogar al otro hijo del Güegüence, Don Ambrosio, quien dice lo contrario: que su padre es mentiroso, un pobre viejo marrullero. Este lo escucha, lo califica de ser su desgracia por adulterio. Propone luego al Gobernador mostrarle en su tienda, imposibles como una estrella que alumbra cielo arriba. ¨”Matateco Dio mispiales, Señor Gobernador Tastuanes –dice el Güegüence-, Alzen, muchachos, miren cuanta hermosura. En primer lugar, cajonería de oro, cajonería de plata, güipil de pecho, güipil de pluma, medias de seda, zapatos de oro, sombrero de castor, estriberas de oro y de plata, muchintes hermosuras, Señor Gobernador Tastuanes, asaneganeme ese lucero de la mañana que relumbra del otro lado del mar, asanecaneme esa seringuita de oro para ya remediar el Cabildo Real…”

El Güegüense


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