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INC en derroche cultural con recital poético de Alba Azucena Torres

Sep 10, 2012 by INC_admin Category: Últimas 0 comments


Emilio Zambrana

En una mañana muy nicaragüense, con danzas folclóricas y aderezos gastronómicos típicos, la poeta Alba Azucena Torres mostró sus raíces y su vertiente de la cultura rusa, en una recital de poesía en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional “Rubén Darío” este sábado mientras la naturaleza, a la cual ella también canta, se empecina en evocar magma y una telúrica fuerza que quiere desatar su ira. Pero el nicaragüense de encendidos oros asiste con calma y se prepara con solidaridad y tesón ante una eventualidad de ribetes insospechados. Pero nuestra Nicaragua siempre bendita recibe el privilegio de crecer ante cualquier eventualidad y la cultura es una expresión de júbilo, un canto de esperanza de todo un pueblo.

Pero bueno, Alba Azucena, nacida en Tecolostote, departamento de Boaco, estudió Letras en el Instituto de Literatura Máximo Gorki de Moscú, un centro de gran prestigio. Después de graduarse, laboró en la Radio Voz de Rusia. Actualmente tiene una Cátedra de Literatura Latinoamericana y Rusa, que imparte en español en la Escuela Económica de Moscú.

Durante el recital, matizada por los comentarios críticos de la también poeta Helena Ramos, de origen ruso,  Alba Azucena leyó sus texto poéticos que traslucen  metáforas y elementos descriptivos con imágenes precisas, como lo señaló Ramos. “Su poesía es de infinitas definiciones”, aseguró Ramos.

Helena realizó un periplo de las etapas en la poesía de Alba Azucena, acicalando sus acertados comentarios con referencias de esas etapas de transición que han llevado a la poeta que reside en Moscú a una plena madurez intelectual, sin perder su identidad y sus raíces nicaragüenses.

Fue un recital sui generis en donde interactuaron presentadora y creadora, en un acto intercultural, en donde la poeta nicaragüense residente en Moscú y la poeta rusa residente en Managua, erradicaron espacio geográficos y pronunciaron con hálito, una su poesía, y la otra, su atinados asomos de la esencia de cada poema leído por Alba Azucena.

Fue también un encuentro, 30 años después, con su compañero y camarada de Letras, Santiago Molina, con quien estudio en el Instituto Gorki.


Días

En el espacio de tu cuarto al mío
tengo una historia que contarte:
te hablaré de mi tierra,
del sol incendiando las hojas del naranjo,
del aire caliente y los buses perdiéndose
en la última hora de la tarde
Managua-Chontales.
Hablaré del primer cumpleaños
y la vela encendida en el rostro de los niños,
la libertad de pescar junto a mi hermano
y llenarme de lodo la orilla del vestido;
tiraba lejos el cordel… Y entonces la espera,
la dulce espera del destino.
Eran nuestros los pájaros, el viento,
la yerba del potrero.
Te he contado de eso y después
las primeras mentiras a la madre.
Luego descubrí mis piernas fuertes,
mis pies pequeños, mi cuerpo ágil
–pensaba en cosas mías–.
Y la vergüenza de ciertas miradas,
mis primeros reproches a la vida.
Ya no eran tan largas las distancias ni el verano.
En abril llegaba el circo,
el mundo de las cartas, la suerte en el sombrero,
y el trapecista moreno, que tocaba la punta de la luna:
el amor de Mayra, de Yamileth o el mío.
Íbamos al catecismo por las tardes
y contábamos a Dios nuestros pecados,
en ese tiempo mi hermana tenía novio
y yo era triste.
Después algunas de mis amigas
empezaron a fugarse por las noches
y fueron madres,
como jugando, como si nada.
Otras pasábamos a secundaria, las pequeñas, las pleitistas,
las recoge-quiebraplata: Sandra, Nubia, Xiomara,
y nos fuimos del pueblo.
Entonces todo quedó allá
en el silencio verde del gran cerro
y perdí el sueño del río.
Luego llegó Ahmed, Alejandro, los otros
y en secreto me hablaron de Sandino.


(Alba Azucena Torres)

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